Un simulacro útil no consiste en hacer sonar una alarma y medir cuánto tarda la gente en salir. Debe servir para comprobar si la organización, los procedimientos y las comunicaciones funcionan como se espera y para detectar mejoras antes de una emergencia real.
Definir qué se quiere comprobar
Antes de diseñar el escenario conviene fijar objetivos concretos: comprobar la cadena de avisos, practicar una evacuación, verificar comunicaciones, probar la coordinación entre equipos o evaluar la recepción de servicios externos.
Diseñar un escenario proporcionado
El escenario debe ser creíble y adecuado al nivel de preparación. No es necesario empezar con un ejercicio complejo. Un simulacro parcial puede ser más útil si permite observar bien un procedimiento y corregirlo antes de incorporar nuevas variables.
Asignar observadores
Los observadores permiten registrar hechos sin interferir en la actuación. Conviene que anoten tiempos, decisiones, problemas de comunicación, recorridos utilizados y cualquier circunstancia que pueda convertirse en una acción de mejora.
Evaluar algo más que el tiempo
- ¿La alarma fue comprendida?
- ¿Los responsables asumieron su función?
- ¿Las comunicaciones fueron claras?
- ¿Las rutas estaban practicables?
- ¿Se detectaron personas o zonas no controladas?
- ¿Los equipos disponían de los medios previstos?
Cerrar con un plan de mejora
La evaluación debe terminar en acciones concretas: modificar un procedimiento, formar a un equipo, señalizar mejor una zona, actualizar teléfonos o repetir una parte del ejercicio. El simulacro tiene valor cuando produce cambios verificables.
Implantación y ejercicios
ASEEM puede apoyar la preparación y evaluación de ejercicios dentro de planes de emergencia y autoprotección. Contacto: rlopez@aseem.es.
